jueves, 17 de marzo de 2011

Fauvismo


La alegría de vivir, Henri Matisse, 1906.
 En el año 1905, en el Salon d’Autumne un grupo de artistas expuso un gran número de obras que tenían características bastante vanguardistas para la época: colores muy fuertes y osados, aplicados tan audaz y toscamente sobre la tela que fueron bautizados por el crítico Louis Vauxcelles como les fauves (las fieras) cuando éste sin premeditarlo expresó: “Donatello au milieu des fauves!” (Donatello entre las fieras) mientras veía las obras expuestas rodeando una escultura de Marque, con clara inspiración renacentista, que se encontraba al centro del salón.

El título que los denomina se refiere principalmente a sus características estéticas contrapuestas al arte clásico imperante hasta hace algunos años atrás, el cromatismo exaltado, la arbitrariedad de los colores empleados, la libertad en el uso de la forma, la espontaneidad de las pinceladas, los caracteriza por sobre cualquier otra vanguardia artística hasta ése entonces y para las que vendrían a continuación. Las pinturas en su mayoría poseían una carga de provocación, de ir contra el naturalismo y exaltar el objeto artístico por medio del uso de colores intensos, atrevidos y toscos, que buscaban la vibración y la inquietud en el espectador.

El grupo de artistas que expuso en el Salón d’Autumme entre ellos: Henri Matisse, Albert Marquet, André Derain, Maurice de Vlaemink,  Othon Friesz, Henri-Charles Manguin, Charles Camoin, Jean Puy, Louis Valtat y Georges Rouault; nunca se caracterizó por ser un movimiento artístico establecido y organizado, fue más bien un grupo poco cohesionado de amigos, estudiantes y artistas que compartían ideas sobre arte. Por ello, a medida que pasó el tiempo, cada uno de ellos tomó un camino nuevo y experimentó con otros temas y formas, cada artista buscaba propósitos mayores y más profundos, aquello provocó la disolución del “grupo” a eso de 1908-09. La mirada de los críticos, de los artistas y del público se volcó paulatinamente al Cubismo, tendencia que venía naciendo.

El impacto de los fauves en la historia del arte fue enorme, pero breve. El Fauvismo intensificó características del Impresionismo y del Postimpresionismo, y lo que es más importante, consolidó el cambio definitivo que se venía gestando desde el romanticismo en la manera de hacer, apreciar y entender la pintura. A partir de ahora el arte da un giro sin retorno en cuanto a su lenguaje y objetivos.

Los árboles rojos, Maurice de Vlaminck, 1906.









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